domingo, 30 de janeiro de 2011

Hotel Tres Cruces en Montevideo

Carcel de mujeres, esquina con Hotel Tres Cruces, Montevideo
El pobre detective señor Monk pasaria muy mal en el Tres Cruces. Aunque honesto, pertenecia entonces a la categoria CV - "carpet viejo". Cuando llegué, se me ocurrió que la recomendacion tendria sido una broma. El olor a moho era insoportable. El aire acondicionado amenizaba, pero me imaginé que el aparato deberia estar muy podrido y sin manutención. Cualquier cristiano con alguna debilidad o alergia se pondria agonizante al rato. Al mover las cortinas para allá y acá, se hizo una nube de polvo que me hizo toser. Por lo menos habia abajour, para que no tuviera que dormir en la oscuridad sin saber donde estaba. Habia muchos T en las tomadas de energia elétrica. Los orificios eran redondos. Como dice el funcionario de la recepción, no se puede enchufar aparatos  que tengan plugs con patas chatas. El caso de mi cámara. Fui luego encender la TV pero los cables estaban desconectados. El funcionario que vino a arreglar la TV a cable olia a cigarro. La señora que me acompañó a la recámara era de una humildad total. Para concluir la primera impresion de mis maravillosas vacaciones modestas, la ventana era de contra esquina con la cárcel de mujéres, un edifício antiguo y mal cuidado. Una antigua iglesia, que podria ser belisima. Decadente como muchos que iria ver y lamentar por el centro de Montevideo. Todo muy cucaracho, pero aun asi tan simpatico. Para divertirme conmigo misma, noté que viajara el dia siete, en el asiento siete, y el hotel me ubicó en el septimo piso. Después yo felizmente descubriria que el desayuno era muy bueno, abundante, bien mejor que la apariencia de las acomodaciones. Me tomaba várias tazas de café antes de salir para mis jornadas por las calles muy calientes, con un verano excepcional que no tenian hace años. Las pobres mujeres encarceladas ocuparan mis pensamientos.

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